Sin duda, las crisis periódicas del capitalismo generan desempleo y desigualdad, desahucios y empobrecimiento. La desestabilización política, el renacimiento del nacionalismo o la crisis ecológica son otros de sus efectos colaterales. Sin embargo, otro mundo es posible si somos capaces de organizarnos, pensar en común y hacer uso de la ciencia. Y para ello no valen las ideas superficiales, los tópicos baratos o las ideologías acartonadas e inflexibles, necesitamos razón apasionada, teorías bien fundamentadas y una sensata actitud crítica hacia el sistema que nos gobierna |