La novela indaga en la realidad más cotidiana y rural de un pueblo aragonés en el umbral de los 80, para contarnos una educación sentimental sorprendente en esa España que se desperezaba del mal sueño, eterno y aburrido, de la dictadura. Acompañando la anécdota y perfectamente orquestadas, las voces de los protagonistas van del pasado, narrado como presente, al presente narrativo, y nos traen otras voces que las complementan y apoyan cuando no justifican lo narrado. Son voces literarias: Cortázar, Radiguet, Zweig, Matzneff..., siempre Baudelaire. O letras de canciones emblemáticas con las que se va tejiendo la sustancia de esta historia. Porque aquí música y literatura, como el amor, son placeres compartidos para paladear las palabras que nos descolocan o nos iluminan
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