En sus cuatro capítulos, “Nada por perdido” persigue con minucia las huellas de ese "marxismo laico" que conjuga teoría ("teoría finita"), traducciones, ediciones, militancia, organización cultural, creación de revistas, como parte de una única singularidad político-cultural a la que podríamos adjudicar el nombre de "obra" solo a condición de sustraerla de cualquier clausura. Y siempre motivada por la pregunta sobre las condiciones que permiten la constitución de una voluntad colectiva, la irrupción de un sujeto popular que nunca pre-existe a su formación política. |