“El cine tiene por elemento el gesto y no la imagen”, escribe Giorgio Agamben. Bajo esta concepción del cine como arte de relación –del montaje- y como el lugar que piensa la mirada –la puesta en escena-, la Nouvelle Vague convirtió este gesto en una caricia. A partir del pensamiento de Emmanuel Lévinas, que define la caricia como el gesto que “expresa el amor, pero sufre la incapacidad de decirlo”, el presente volumen recupera la tradición fenomenológica abierta por André Bazin y viaja al centro del universo estético de la Nouvelle Vague mediante este gesto erótico, fundado en la alteridad y sujeto a la significancia e infinitud del rostro del otro |