Escribir un diario consiste en trazar una línea que va desde el dedo del pie hasta el occipucio. Día río, nunca mejor. El diario es un campo al que resulta difícil poner puertas, no las admite. Carece de argumento. Forma indomable donde las haya, se permite incorporarlo todo: lo banal y lo extraordinario, lo personal y lo histórico. No necesariamente hay que hacerlo todos los días. Un diarista será siempre un infiltrado de la literatura en la vida. La literatura es la vida y viceversa. Un espía dispuesto a cobrar venganza en un futuro. Lo que pretende es traspasar sus experiencias ?reales o imaginarias? a esa especie de personaje velado en que se desdobla a través de lo que escribe. Escribir un diario es jugar con el tiempo y la memoria. Es un borrador donde nada se borra. Es un libro libre. Un lugar de resistencia íntima, el refugio de la identidad rajada. Meditación del cero sobre sí mismo. Escribir desde el yo es desamparo y búsqueda, también obscenidad política. ¿Es un diario un texto para ser publicado? Nadie que lleve un diario ha renunciado a que pueda ser leído alguna vez por otro. Pocos géneros son tan cuestionados como el diario. Sufre la misma condescendencia, el mismo desdén que sufre la intimidad. Irrupción violenta de la vida cotidiana en la plaza pública. Escribir, soñar, parirse. Di tus cosas más personales, dilas, es lo único que importa, no te avergüences, las generales están en el periódico. |