La filosofía constituyó la columna vertebral de la civilización europea desde sus orígenes. En la modernidad la ciencia tomó el relevo. Tanto una como otra se presentaban como formas de saber: el conocimiento constituía su más profunda razón de ser y todo lo demás estaba subordinado a él. Sin embargo, a lo largo del siglo XX se ha cuestionado este aspecto esencial de nuestra cultura. Se ha llegado a ver en la búsqueda de la verdad una empresa demasiado ambiciosa, una hipócrita ocultación de propósitos inconfesables, un asunto sin genuino interés, una distracción que no conducía a ninguna parte. Se ha pretendido suplantar el saber por otras actividades más pragmáticas, más placenteras, más lúdicas o más desesperadas. Este libro analiza con detalle el fenómeno, examina sus consecuencias y explora las alternativas que genera. |