Darío lo tiene todo. Es un chico blanco hetero de diecisiete años, está bueno y es listo. Su futuro es prometedor. Pero durante unas vacaciones él y su familia sufren un accidente mortal en el lago de Sanabria. Darío no acepta su muerte. No soporta la idea de pasar toda la eternidad junto a su familia en las proximidades de ese lago, que rondan también los fantasmas de los habitantes del pueblo inundado de Ribadelago. Un día, en uno de esos paseos a solas, ve a una chica en la que se fija al instante. Ella, Lucía, se fija también en él y comienzan a charlar. Darío asume que ella está muerta y Lucía que él está vivo, pero este es solo el comienzo de una relación que cambiará para siempre la vida (y la muerte) de ambos.
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